Mi hija me odia
- elizaldeintza
- 7 oct 2024
- 3 Min. de lectura
Mi hija me odia.
Sí, has leído bien.
En este mismo instante, mi hija mayor me odia.
No, no estoy exagerando. La cara de asco que pone cuando me mira lo dice todo.
No siempre es así, pero si hoy alguien le pregunta cómo es su madre, los adjetivos que saldrán de su boca serán de todo menos “bonita”.
Te estarás preguntando…
¿Y por qué te odia?
Por muchas razones y por una sola.
Por un lado me odia, porque le he puesto un límite que no le ha gustado
También me odia, porque cree que no la entiendo
También me odia, porque los adultos somos unos coñazos
Pero sobre todo me odia, porque es una adolescente y muchas de las cosas que hago le sientan mal
Te cuento mi versión de lo que ha pasado hoy.
Hoy su padre antes de ir a trabajar le ha pedido que corte la hierba del jardín. Ella le ha dicho que sí, pero no lo ha hecho.
Su abuela le ha pedido que recoja unas hojas secas que estaban en una esquina. Ella le ha dicho que sí, pero no las ha recogido.
Yo le he pedido que recoja su ropa sucia del suelo. Ella me ha dicho que sí, pero no la ha recogido.
Por si te estás preguntando si la estamos explotando, tranquilo, si juntamos todo el tiempo que necesita para realizar esta tarea no llega a los 35 minutos (es sábado y tiene el día libre).
*Cortar la hierba: 20 minutos
*Recoger las hojas: 5 minutos
*Recoger la ropa del suelo: 1 minuto
Sí, lo sé, los adolescentes actúan así. Su cerebro está en obras (si quieres saber más, pincha aquí) y aunque esta sea una actitud muy normal a cierta edad, mi rol como madre me exige algo más.
Mi rol como madre me exige entenderla, comprenderla y respetarla.
Pero por otro lado, también me toca enseñarle que no todo vale, mostrarle que en nuestra familia tenemos unos valores, unos valores que nos ayudan a convivir en armonía y es importante respetarlos.
Por eso, al llegar a casa y ver que estaba tirada en el sofá sin haber cumplido con su palabra le he pedido una solución.
Ella se ha quedado muda. Estaba monísima, preparada para ir a salir con sus amigas y lo último que le apetecía era realizar las tareas anteriores.
Si te digo la verdad, la solución fácil hubiera sido darle un poco la chapa y dejarla ir con sus amigas. Así no nos enfadamos y reinaría la paz y armonía.
La solución fácil también hubiera sido empezar a gritar como una loca echándole en cara lo mal que lo había hecho. No habría paz, pero por lo menos me hubiera desahogado.
Pero opté por la tercera solución. La menos fácil. Mantener la calma y sin utilizar palabras de más pedirle que ella misma arreglara ese problema.
No fue fácil, no te voy a mentir. Le costó asumir las consecuencias e hizo lo posible por volver a escaquearse, pero después de un rato de negociación, algún grito y muchas miradas asesinas, puso cara de asco y en 27 minutos realizó todo lo que tenía que hacer.
¿Soy mala madre?
No lo sé. La verdad es que en este mismo instante no es que me sienta la mejor madre del mundo. Tengo un millón y medio de dudas de las decisiones que he tomado, pero en esto consiste ser madre/padre.
Ser madre conlleva dudas, inseguridad y culpa
(sí, lo sé… también hay muchas cosas buenas, pero de eso hablaremos en otro email).
Hay que tomar decisiones difíciles en poco tiempo. No es fácil, pero es mucho más fácil si sabes cómo hacerlo. Por eso busca ayuda y fórmate. No te quedes con la culpa y la duda.

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